LAS TRES ETAPAS DE LA ENFERMEDAD
LAS TRES ETAPAS DE LA ENFERMEDAD
Por el profesor Pedro Crea
Cuando para el común de las personas los desequilibrios psicofísicos son definidos como enfermedad, para el profesional la llamada enfermedad es contemplada e interpretada como un desequilibrio de todo el organismo, donde todos los aconteceres naturales en ese universo que es el ser humano y sus situaciones, reflejan modelos de acciones cíclicas de ida y vuelta, de extravío y retorno, de expansión y de contracción.
Es así como ir más allá significa retornar. Si marchamos siempre hacia el este, es seguro que terminaremos en el oeste, cada vez que una situación llega a su punto extremo, está signada a recomenzar el camino y convertirse en su opuesto.
Las gemas en estos procesos permitirán generar transformaciones en el momento propicio, convirtiendo cada segundo de nuestra vida en un instante ideal, sin querer cambiarlo, solamente lo produce, lo equilibra y lo acompaña. Es por estas cualidades que en India se dice que las gemas pueden hacer reverdecer a un árbol seco o abrir una puerta pintada en la pared. Logrando una estimulación que permita obtener un equilibrio, se obtiene un fluir óptimo de todas las formas de energías que dan vida a ese cuerpo, con una tendencia y un nivel de estimulación apropiado.
Es la energía y la pureza de color que irradian las gemas la que perdura en el tiempo, generando el tropismo equilibrante y activador que el organismo busca por todos los medios.
La solución al problema que se le plantea al terapeuta no pasa simplemente por su apreciación del cuadro. Éste está cargado de prejuicios de ambas partes -terapeuta y paciente- y muy poco de lo que crea percibir tiene que ver con la realidad, lo que invariablemente redundará en una diagnosis inducida -a menudo superficial- a lo que se debería agregar un cúmulo de malformaciones profesionales cargadas de preconceptos… cuando el paciente simplemente pregunta por un camino que lo saque de la oscuridad.
Otro punto relevante sería que el terapeuta evalúe en todos los casos la posible existencia de una hipersensibilidad, con una exasperada sensibilidad mental, emocional y física. Es por esa causa que el remedio indicado provocará una reacción adversa, porque el individuo estará tan exageradamente sensible a todo estímulo que la más mínima dosis actuará con exceso y los remedios elegidos tenderán a agravar en lugar de equilibrar. El primer paso en este proceso es aliviar la hipersensibilidad, para que posteriormente los remedios elegidos puedan actuar logrando el equilibrio en forma suave e imperceptible.
Todos los procesos de desequilibrio y enfermedad están generados, signados y acompañados por tres etapas bien definidas que ocurren con una sucesión de continuidad sin que el individuo tenga la más mínima conciencia de ello, que comienza en lo mental, pasando por lo emocional, espejándose finalmente en el plano físico.
PRIMERA ETAPA: lo mental
El primer punto en esta etapa sería ver cómo el ser humano hoy no es más que un autómata que se mueve bajo la presión de influencias exteriores, obedeciendo a una programación implantada, sin poder despertar y vacío de sentimientos propios, con un cúmulo de deseos producidos por su automatismo y programación.
Esta trilogía de “automatismo + programación + deseos inducidos” es factor desencadenante de una angustia generada para provocar sensación de vacío, la que lo lleva a consumir todo lo que se le dice que compre (objetos materiales, dogmas, religiones, políticas y toda forma posible de identificación y pertenencia).
Para que estas programaciones tengan lugar sólo son necesarios dos componentes básicos: superficialidad y carencia de pensamientos propios. Y aunque resulte llamativo, el ser humano no puede tener pensamientos propios: tal vez logre tener uno cada cien mil que ya fueron implantados y programados. Se da forma así a una personalidad múltiple y contradictoria, imposibilitada de reaccionar o elegir, ya que todo proviene de las redes neuronales preexistentes.
También en lo mental ubicamos, como presentes en esta etapa de inicio de la enfermedad, una serie de adicciones sabiamente inducidas en cantidad y calidad que recorren un espectro desde lo más amplio como por ejemplo gastar compulsivamente, pasando por enfermizas emocionalidades, que no sólo ensombrece su vida sino la de cuantos la rodean, terminando en el consumo desmedido de estimulantes psicofísicos; paso previo a la despersonalización y a falta de voluntad.
SEGUNDA ETAPA: lo emocional
La segunda etapa es consecuente con la primera, ya que la enfermedad para poder mantenerse debe alimentarse en base al miedo, la culpa y la patológica inducción y necesidad de ser querido, apreciado y reconocido. En esta etapa el ser humano apela a todos los mecanismos que incorporó justificando todo, negando el conflicto, acusando de su falta de armonía, tanto interna como externa a personas o situaciones ajenas a sí mismo, repitiendo una y otra vez un conflicto o una enfermedad. Las actitudes que encontramos en esta etapa como hitos del avance de la enfermedad son la descalificación del otro como mecanismo de auto-afirmación, la victimización como herramienta de manipulación emocional; la falsa idealización de sí mismo y mentir y mentirse a sí mismo todo el tiempo, pensando que lo que él cree, es la realidad.
TERCERA Y ÚLTIMA ETAPA: lo físico
Esta última etapa nos plantea un espejo de las dos anteriores sobre el organismo, donde la economía vital comienza a resentirse entrando en la autodestrucción orgánica como consecuencia culminante de esta espiral involutiva.
Es el cansancio el que preanuncia la merma de energía vital y la falta de voluntad, con un dolor de cabeza que nos advierte que la intoxicación sanguínea ya se ha instalado en el organismo.
Los desequilibrios psicofísicos y mentales comenzarán a afectar los órganos y su funcionamiento con enfermedades en el sistema nervioso y y en el cuerpo, (enfermedades crónicas o degenerativas). El último eslabón es el desequilibrio total de su vida. Ya no podrá avanzar más, es el camino a la decadencia. Es en este estadio cuando en un último acto de negación-justificación y victimización, pasa a creer que es “víctima de la enfermedad”. ¿Quién tuvo la responsabilidad de la enfermedad en su cuerpo? Tal vez sea demasiado tarde para que comprenda que no somos víctimas de la enfermedad sino creadores de la misma. La enfermedad se manifestó hace ya mucho tiempo en la conciencia y hoy, al mostrarse en el plano físico, nos plantea una excelente oportunidad para cambiar.
Solamente bastaría con hacernos tres preguntas:
¿Qué es lo que la enfermedad me quiere enseñar?
¿Qué es lo que me resisto a aprender?
Y, todo se desencadenó… ¿después de qué?